Jiri Kluk se ofreció como voluntario para ayudar a un grupo de supervivientes del Holocausto que vivían cerca de su casa en la República Checa cuando sólo tenía 16 años.
Mientras los ayudaba a comprar alimentos y limpiar su casa, algunos le mostraron el tatuaje del número de prisionero del campo de exterminio de Auschwitz. Contaron los días en que los nazis mataron a sus familiares, sabiendo que ellos podrían ser los siguientes en cualquier momento.











