Mientras Estados Unidos e Irán se preparan para las conversaciones de alto el fuego el sábado, los dos países parecen tener puntos en común en un solo tema: su necesidad de encontrar una vía de salida de la guerra.
El presidente Donald Trump está pagando un precio político y económico cada vez mayor: la caída de los índices de aprobación y el aumento de los precios de la gasolina frenan sus bravuconadas y su jactancia de que el poder militar estadounidense ya ha obtenido una victoria total sobre Teherán.










