BEIT SHEMESH, Israel – Incluso antes de que aviones de combate estadounidenses e israelíes atacaran objetivos iraníes, funcionarios en Washington y Jerusalén estaban listos para tomar represalias. Lanzaron salvas de misiles, ciberataques y ataques indirectos contra bases estadounidenses y ciudades israelíes. Para lo que pocas personas parecían preparadas era para la velocidad –y la extensión geográfica– del retroceso, con casi 300 millones de civiles, en más de una docena de países, repentinamente bajo el paraguas de una guerra en escalada.











