En un bochornoso día de julio de 1968, 1.000 jóvenes atletas se reunieron en el Soldier Field de Chicago, donde corrieron, saltaron, lanzaron y nadaron.
Había pocos espectadores allí para ver los Juegos Internacionales de Verano inaugurales de Olimpiadas Especiales. Pero los competidores, todos niños y niñas con discapacidad intelectual, ayudaron a marcar el comienzo de una era nueva y más inclusiva en los deportes, en una época en la que los niños con necesidades especiales a menudo eran encerrados en casa o enviados a instituciones.











