La energía nuclear de China se está expandiendo rápidamente. Sin embargo, detrás de ese ascenso, la reorganización de generales y líderes militares por parte del máximo líder Xi Jinping ha expuesto una corrupción profundamente arraigada y ha planteado dudas sobre la capacidad del país para gestionar su creciente arsenal.
La incertidumbre se suma a los temores de una nueva era de inestabilidad en la política nuclear global, mientras el presidente Trump pide nuevas pruebas estadounidenses y Washington también avanza hacia cambios importantes en su ejército.
Pete Hegseth, el secretario de Defensa del presidente Trump, ha despedido o destituido al menos a dos docenas de generales y almirantes en los últimos nueve meses, una medida sin precedentes en las últimas décadas y con poca explicación. La reestructuración ha generado temores de una creciente interferencia política en un ejército que durante mucho tiempo se ha enorgullecido de ser apolítico.
En Beijing, las purgas de Xi afectaron más profundamente al Ejército Popular de Liberación. Ha llevado a cabo una purga que ha sacudido la fuerza de cohetes, la rama que supervisa la energía nuclear de China y es una parte clave de las ambiciones de Xi de construir un “ejército de clase mundial” para 2049. Los altos comandantes han desaparecido. Otros fueron enviados a la cárcel. Y a los contratistas de defensa se les ha despojado de sus designaciones partidistas y se los ha detenido para ser investigados.
Si bien las motivaciones de Trump y Hegseth para reconstruir el ejército estadounidense no están del todo claras, las purgas de Xi surgen de una lección que ha aprendido de la historia: que el Partido Comunista sobrevive sólo cuando el ejército obedece a un líder sin cuestionarlo.
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